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Cuidado con las bromas que se burlan de los versículos del Corán

 

Alabado sea Dios

Las palabras citadas pueden constituir una

ridiculización

de las palabras de Dios, exaltado sea. Las palabras de Dios
son las más grandiosas y nobles palabras, y aquél que ridiculiza Sus
palabras comete un acto de incredulidad, que debe estar sujeto a una severa
advertencia, como ha dicho Dios en el Sagrado Corán (traducción del
significado):

Temían los hipócritas que un capítulo como este fuera
revelado, que ponga en evidencia lo que hay en sus corazones. Diles [¡Oh,
Muhámmad!]: Burlaos [que ya veréis], pues ciertamente Allah revelará lo que
tanto teméis. Y si les preguntas [acerca de sus injurias sobre la religión
de Allah y Su Profeta], te dicen: Nosotros sólo bromeábamos y jugábamos.
Diles [¡Oh, Muhámmad!]: ¿Acaso os burláis de Allah, Sus preceptos, y de Su
Mensajero?”
  (At-Táwbah [el Arrepentimiento], 9:64-65).

Nadie cae en eso excepto los necios, que tienen la audacia de
transgredir los límites de la sensatez, alegando que lo que dicen es nada
más que una broma, como aquellos que estos versículos describen.

El Imam at-Tabari narró en su Exégesis (Tafsir, 14/333),
reportado de Sa‘d, de Zaid ibn Aslam, que uno de los hipócritas le dijo a
‘Awf ibn Málik durante la campaña de Tabuk: “¿Cual es el problema de esos
recitadores del Corán? Aman la comida más que nosotros, son los peores
mentirosos entre nosotros y los más cobardes en la hora de la batalla?”.
‘Awf le contestó: “Estás mintiendo, eres un hipócrita. Esto lo sabrá el
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), lo que
has dicho”.  ‘Awf fue hacia el Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Dios sean con él) para decirle, pero encontró que el Corán lo
había precedido, y se habían revelado estos versículos. Zaid reporta que
‘Abdullah ibn ‘Umar ha dicho: “Vi este hombre colgado de la correa de la
camella del Mensajero de Dios, tropezando desesperadamente y diciéndole con
tristeza: “Nosotros sólo bromeábamos y jugábamos…” (el Arrepentimiento
9:65), y el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le
decía: “¿Acaso os burláis de Allah, Sus preceptos, y de Su Mensajero?
(At-Táwbah, 9:65).

Abu Bákr Ibn al-‘Árabi (que Dios esté complacido con él)
escribió en su Exégesis (Tafsir, 2/543): “Puede ser que lo haya dicho en
serio o en broma. Sea cual sea el caso, es un acto grave que ingresa en el
terreno de la incredulidad. Proferir palabras de incredulidad, aunque sea en
broma, es un acto de incredulidad y esa opinión no está cuestionada entre
los musulmanes. Decir algo en serio es semejante a la verdad y al
conocimiento, y decir algo en broma, es algo semejante a la falsedad y la
mentira”. Fin de cita.

Estos grandiosos capítulos del Corán (referidos en la
presunta broma) contienen normas, decretos y exhortaciones. Los creyentes
aman estas escrituras pues son las palabras de Dios, no porque mencionan la
mesa (o sea, la comida) o a as mujeres, y mucho menos porque establezcan una
relación entre el ayunante y algo que está prohibido durante el ayuno, como
la comida o sexo.

Además, esa reprensible broma es una distorsión de los
significados de las palabras de Dios, malinterpretándolas para que se
refieran a cosas detestables o prohibidas. El humo al cual se refiere el
capítulo del Corán es uno de los signos del Juicio Final, no se refiere al
tabaco o a los cigarrillos, algo que el presunto bromista y esa clase de
gente suele consumir y desear durante las horas de ayuno.

Dios, exaltado sea, ha dicho (traducción de los
significados):

Aguarda [lo que les acontecerá] el día que el cielo
traiga un humo visible. 11. Que cubrirá a los hombres; [y entonces se les
dirá:] Éste es un castigo doloroso. 12. [Entonces exclamarán:] ¡Oh, Señor
nuestro! Aparta de nosotros el castigo; en verdad somos creyentes. 13. De
qué les servirá recapacitar entonces, si cuando se les presentó un Mensajero
con pruebas evidentes [no creyeron en él]
”. (Ad-Duján [El Humo],
44:10-13).

Quién recibió este mensaje debe denunciarlo y advertir a
quién lo envió. No debe compartirlo con nadie, porque tiene un contenido
perjudicial que es burlarse de Dios, pues ridiculiza Sus palabras.

Lo que uno tiene que hacer es tener cuidado con las cosas que
dice, pues una sola palabra puede empujarlo al Infierno en una profundidad
mayor que la distancia entre el este y el oeste.

Al-Bujari (6478) y Muslim (2988) registraron de Abu
Hurairah que él escucho del Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él): “Una persona puede decir palabras que
complazcan a Dios sin darse cuenta y por eso Dios lo elevará varios grados
en su condición. Y una persona puede decir palabras que desagraden a Dios
sin darse cuenta y por eso caerá en el infierno”.

Al-Bujari (6477) y Muslim (2988) registraron de Abu Hurairah
que oyó al Mensajero de Dios decir (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él): “Una persona pude decir una palabra sin darse cuenta de su
repercusión, y por eso puede que sea tirado en el infierno en una
profundidad semejante a la distancia entre el este y el oeste”.

At-Tirmidhi (2319) e Ibn Máyah (3969) registraron de Bilal
ibn al-Háriz al-Muzani, el compañero del Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él), que dijo: “Oí el Mensajero de Dios (que
la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir que “Uno de vosotros
puede decir una palabra que agrade a Dios sin darse cuenta cuán lejos que
ella llega, pero por esa palabra Dios va declarar su satisfacción en el día
que se encuentre con Él. Y uno de vosotros puede que diga una palabra que
enoje a Dios y no sepa cuan lejos llega esta palabra, y Dios le va a
declarar su enojo en el día que se encuentre con Él”. Clasificado como
auténtico por al-Albani en Sahih at-Tirmidhi.

Pedimos a Dios que nos mantenga sanos y salvos.

Decir palabras de incredulidad para bromear constituye un
acto de incredulidad, según el consenso de los eruditos, como fue citado por
Ibn al-‘Árabi. No es requisito para ello que la persona que dice o hace eso
tenga la intención de injuriar el Islam o el Corán.

Shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín

(que Dios esté complacido con él) dijo: “Existen tres
niveles. El primer nivel es decir cosas con la intención de ofender e
injuriar el Islam deliberadamente, como los enemigos del Islam hacen cuando
lo atacan.

El segundo nivel es decir malas palabras deliberadamente pero
sin la intención de injuriar el Islam. En otras palabras, sin pretender
ofender el Islam, sino que hablaba en broma y no en serio. En este caso, las
reglas son las mismas que para el primer caso: el que dijo esas palabras ha
cometido un acto de incredulidad, porque está ridiculizando y burlándose del
Islam.

El tercer nivel es cuando el que habla se equivocó y
confundió las palabras, y dijo algo ofensivo accidentalmente, sin la
intención de injuriar el Islam. El que habló no pretendía que sus palabras
fuesen ofensivas. En este caso, eso no cuenta y esta incluido en el
significado de un versículo en que Dios, exaltado Sea, dijo (traducción del
significado):

Dios no os castigará por los juramentos [que hagáis] sin
intención, pero sí por los que hayáis hecho deliberadamente
” (Al-Má’idah,
5:89).

Eso es parecido a cuando uno dice mientras conversa “No, por
Dios. Sí, por Dios”, sin tener la intención de hacer un juramento, así que
no está sujeto a las mismas reglas que aquél que jura deliberada y
solemnemente. Sea lo que sea que una persona pronuncie sin la intención de
decirlo no está sujeto a ninguna norma”.
Fin de la cita de Fatáwa Nur ‘ala ad-Dárb.

Y Allah sabe más.

 

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