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ARTíCULO NUEVO: El Profeta y el alcohólico

 

Prophet_and_the_Alcoholic.jpgHaba
un hombre llamado Abdal‑lah que amaba tanto a
Dios y a Su Mensajero, que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean
con l) lo confirm diciendo sobre l: “Sin duda, l ama a Dios y a Su
mensajero”
[1].

Este hombre llamado Abdal‑lah am
tanto al Profeta que sola disfrutar regalndole cuanta delicia llegaba a
Medina, de modo que siempre que una caravana mercante llegaba a Medina con algo,
como mantequilla o miel, l tomaba un poco para regalarle al Profeta. Luego,
cuando el vendedor exiga el pago, Abdal‑lah lo llevaba ante el Profeta y
le deca: “Pgale a este hombre”. El Profeta le deca: “Acaso no me lo
regalaste?”. Abdal‑lah le responda: “S, Oh, Mensajero de Dios!, pero
no tengo cmo pagarlo”.

Los dos se rean y el Profeta le pagaba
al mercader.

Este era el tipo de relacin jovial y
cercana que tenan Abdal‑lah y el Profeta.

Queda por decir que Abdal‑lah era
alcohlico. A menudo se emborrachaba tanto que andaba tambalendose por las
calles de Medina, y lo llevaban en esa condicin ante el Profeta para ser
sentenciado por embriaguez pblica, y siempre el Profeta prescriba que se le
aplicara el castigo establecido. Esto ocurra a menudo.

Una vez que Abdal‑lah fue soltado
luego de aplicrsele uno de estos frecuentes castigos, uno de los compaeros le
dijo con desdn: “Que Dios lo maldiga! Cuntas veces ha sido castigado por
esto!”.

El Profeta reprendi al compaero
dicindole: “No lo maldigas, porque juro por Dios que l ama a Dios y a Su
mensajero”[2].
Y luego agreg: “No ayudes a Satans en contra de tu hermano”.

Podemos aprender mucho de la actitud
del Profeta.

Debemos reflexionar primero sobre la
estrecha y afectiva relacin que este compaero disfrutaba con el Profeta, a
pesar de su vergonzosa contravencin. Aunque el Profeta era quien era, eso no
le impidi relacionarse con Abdal‑lah de manera familiar, siendo su amigo
y bromeando con l.

Esto nos muestra que, en la sociedad
visualizada por el Profeta, la gente no estaba segregada entre piadosos y
pecadores, con interacciones sociales excluidas entre los dos grupos. En lugar
de ello, era una sociedad unificada e incluyente, donde todos se encontraban en
diversos niveles de piedad. Algunos estaban a la vanguardia de la justicia,
otros eran moderadamente piadosos, mientras que otros eran propensos a caer en el
pecado. Sin embargo, nadie viva alejado de la sociedad ni se evitaba a nadie.
Todos seguan siendo parte de la sociedad.

Esta inclusin significaba que cuando
algunos miembros de la sociedad cometan errores, los efectos de dichos errores
eran limitados y de corta duracin. Ninguno era marginado, as que no haba
posibilidad de que el pecado creciera en la sociedad. Cuando alguien cometa un
error, no se acababa el apoyo que le brindaban los dems en la sociedad,
quienes estaban ms que dispuestos a echarle una mano y ponerlo de nuevo en el
buen camino.

Otra leccin de la conducta del Profeta
nos muestra la importancia de mantener una perspectiva positiva. A pesar del
hecho de que Abdal‑lah frecuentemente era llevado ante el Profeta por
embriaguez pblica, el Profeta llam la atencin de todos sobre una cualidad
positiva de Abdal‑lah: que amaba a Dios y a Su Mensajero. Sin embargo,
cuando pensamos en esa cualidad en particular, vemos que no era nica de Abdal‑lah,
sino que se trataba de una cualidad que tienen en comn todos los creyentes. A
pesar de eso, el Profeta prefiri alabar a Abdal‑lah por esta razn; al
hacerlo, pudo cultivar, alentar y fortalecer esta cualidad en todos. Tambin
les record que, si alguien resbala, la fe y el amor por Dios de esa persona
siguen intactos.

Podemos imaginar cmo Abdal‑lah debe
haberse sentido cuando supo lo que el Profeta dijo sobre l. De seguro sinti
un gran honor de que el Mensajero de Dios hablara as de l. Eso sirvi para
ayudarlo a abandonar su mal hbito, y le dio esperanzas al confirmarle que su
ser esencial no estaba echado a perder por sus errores.

Era la forma del Profeta de sealar las
buenas cualidades de quienes pecaban y caan en el error. A veces nos olvidamos
de esto y tratamos los pecados como barreras impenetrables para el bien futuro.
A una persona que comete una obra vergonzosa no se le permite olvidarla, sino
que a menudo se le recuerda su pecado. Tenemos que darnos cuenta de que eso
solo ayuda a Satans a dominar al pecador y llevarlo de nuevo al pecado. El
enfoque del Profeta, en cambio, inspira virtud. Cuando le recordaron las
frecuentes borracheras de Abdal‑lah, l les record a los compaeros el
gran amor de esa persona por Dios y Su Mensajero.

Finalmente, Abdal‑lah haba hecho
algo que ciertamente estaba mal, no cabe duda de que Abdal‑lah cometi un
pecado. Consumir intoxicantes es un pecado mayor, y el Profeta maldijo los
intoxicantes. Sin embargo, despus de que el Profeta haba ejecutado la
sentencia prescrita sobre Abdal‑lah por su embriaguez pblica, no busc
nada ms en su contra. l vea cualquier reprimenda adicional como una ayuda a
Satans en contra del hombre. En lugar de eso, volvi la atencin de todo el
mundo hacia sus mritos, que compensaban sus defectos.

Esta historia debe guiarnos a
reflexionar acerca de nuestra propia condicin, cuando consideramos cun duros
somos a veces en nuestros desacuerdos con otras personas cuyas transgresiones
son mucho menos graves o ciertas que las de Abdal‑lah. A veces, es
simplemente nuestra opinin que alguien ha hecho algo malo, y en realidad el
asunto est abierto a otros puntos de vista, pero no vacilamos en arremeter
contra nuestros oponentes con todo nuestro arsenal verbal. Esto est muy lejos
del ejemplo que estableci el Profeta, quien al enfrentar a una persona que
cometa un pecado evidente, encontr razones para hablar bien de esa persona, a
pesar de sus defectos.

La conducta del Profeta con Abdal‑lah
es un ejemplo excelente para nosotros, lleno de lecciones valiosas con respecto
no solo a cmo debemos tratarnos entre nosotros, sino cmo la sociedad puede
fomentar vnculos sociales fuertes, sanos y consolidados, que puedan servir
para disuadir a las personas de caer en pecado.


Pie de pgina:

[1] Sahih Al Bujari.

[2] Sahih Al Bujari.

 
 
 

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